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David nació en navidades un 25 de Diciembre, fue como un regalo de Papa Noel y pronto se hizo un hueco en nuestros corazones con su sonrisa inocente y su despierta curiosidad.
Me sorprende su vivacidad y lo rápido que aprende a nombrar cada objeto que pasa por su infantil mirada, no se si soy parcial, pero estoy seguro que nos hará sentir orgullosos en un futuro, es mas ya lo hace.
David cumplirá pronto dos años y se le ve feliz en su pequeño mundo ajeno al trajín que le rodea, acepta como algo normal todos los medicamentos que sus atentos padres le dan, a veces se hace de rogar cuando hay que darle la fisioterapia respiratoria pero al menos ya no llora tan a menudo como al principio, ya forma parte de su existencia y a la de sus padres como algo habitual y así parece que lo han aceptado todos, con algo de resignación pero con esperanza.
A menudo, los domingos, vamos a las afueras de la ciudad para disfrutar de deliciosas comidas campestres hechas al calor de una buena hoguera de leña con toda la familia, incluido David, y aunque empieza a arreciar el frío de otoño, en esta región se nos ha regalado de un clima suave,  y seguro que aun disfrutaremos de algunas tardes dominicales con la familia en el campo y de David si se encuentra bien, de momento se encuentra vivaracho y alegre y nada indica que una diminuta pieza de su cuerpo no responde bien.
Pero ante todo David tiene unos padres con coraje, que serán pacientes y le darán lo que incluso este mas allá de sus manos para hacerlo feliz.